15 de enero de 2018

Batman Creature of the Night de Kurt Busiek y John Paul Leon: Cuando la vida imita al arte y viceversa

En el año 2004, Kurt Busiek y un primerizo Stuart Inmonen, sacaron a la luz Superman Identidad Secreta. Una miniserie en cuatro volúmenes prestigio, donde los autores consiguieron hasta el momento el mejor trabajo de su carrera. La premisa, audaz y original, era reconstruir el mito de El Hombre de Acero -narrado y reinventado una y otra vez- y convertirlo en algo nuevo y fresco. La manera, un ejercicio donde los límites entre realidad y ficción se fusionaban y donde el personaje de la historieta veía reflejada su vida y el personaje, sus orígenes, desde dentro de las páginas del tebeo.






Ahora, trece años después, Kurt Busiek -esta vez sin Stuart Inmonen, pero con un atmosférico John Paul Leon- trata con gran éxito de reinventar el otro gran origen e icono del mundo del cómic. El resultado, con solo dos ejemplares (de cuatro), editados hasta el momento, es de nuevo magistral. Porque, ¿cuántas veces hemos visto o leído los orígenes del Hombre Murciélago? Y pocas veces, tras la lectura de estos dos primeros volúmenes de la miniserie, se ha hecho con tanta frescura, originalidad y talento.





Busiek narra la historia de un chico obsesionado con el personaje creado por Kane y Finger, y que por casualidades de la vida, vive el mismo via crucis que el huérfano millonario de Gotham. Así, tras la tragedia, este Bruce del mundo real, comienza a vivir una vida similar a la del personaje de las viñetas, con la diferencia de que comienza a recibir las visitas de un espectro con forma de murciélago al que tanto el protagonista de la historia, como el lector, duda de su verdadera existencia.







En paralelo, Busiek y Leon entregan página tras página que pueden situarse entre las mejores entre cientos de miles de páginas dedicadas al personaje, en un tebeo que se disfruta, tanto por la nueva historia que nos está contando, como por los miles de detalles y guiños que el historiador que es Busiek, integra en las páginas del tebeo, reproducidas con elegancia y atmósfera, por un autor tan brillante y tan poco valorado como es John Paul Leon.

13 de enero de 2018

The Disaster Artist de James Franco: Tragicómica oda a los perdedores




















¿Dónde está la frontera entre el genio y el excéntrico?¿Quién decide la genialidad?¿Puede un autor proteger aquello que quiere expresar, o es esclavo de la recepción del público? Todas y cada una de estas cuestiones son planteadas en The Disaster Artist, dirigida y protagonizada por James Franco, que al igual que el Ed Wood de Tim Burton, entrega una carta de amor hacia el negocio del arte y el cine, describiendo el tortuoso camino de otro “peor” director de la historia del cine.






Tommy Wiseau -la figura protagonista del biopic. estrenó en el año 2003 la película The Room, dirigida, escrita, protagonizada y producida por él. Un despropósito, que como le ocurrió en los años 50 a Ed Wood, acabó convirtiéndole de hazmerreír de la industria, a objeto de culto en sesiones de medianoche para cinéfilos con gusto por el trash. La película de Franco, rodada con un estilo documental, nos muestra sin juicios de valor, la travesía por el desierto de dos amigos, de dos outsiders de una industria que no les acepta, la posibilidad de crear de cero su sueño, quizá algo más importante que el éxito y el reconocimiento.






James Franco y su hermano Dave, interpretan a Wiseau y Greg, dos parias del Hollywood de los 90, con más ganas que talento, que pretenden convertirse en alguien en la ciudad de las estrellas. El primero, en un auteur. El segundo, más preocupado de ser una estrella. Una pareja que de nuevo guarda parecidos con la formada por Ed Wood y Bela Lugosi en la película de Burton. Y si Depp y Landau bordaban sus interpretaciones, lo mismo puede decirse de los hermanos Franco, sobre todo de James, que consigue un asombroso trabajo al transformarse tanto interpretativa como físicamente en ese nuevo Ed Wood que es Tommy Wiseau.





Franco disecciona, al igual que Burton, la meca del cine, transformando formalmente la película en una radiografía del Hollywood de finales de los 90, pero sobre todo cargando las tintas en la tragicómica vida y amistad entre dos individuos que se dejaron cegar por los neones de Hollywood, uno queriendo convertirse en un nuevo Orson Welles y el otro creyendo que las leyendas como James Dean nacen únicamente deseándolo.








Canto a los perdedores, pero también a los soñadores, Franco mima a sus criaturas, entregando pequeños momentos intimistas, donde el espectador es capaz de entender que aunque patéticos y risibles, tanto los protagonistas como su intento de proeza, merecen la pena ser reconocidos. De nuevo, como nos mostraba con emoción y acierto Tim Burton en Ed Wood, entre el genio (Welles) y el excéntrico (Wood) existe una delgada línea en la que a veces, es difícil encontrar la diferencia.

11 de enero de 2018

Marvel Legacy de Jason Aaron, Esad Ribic y VV.AA.: Intentando devolver el brillo al universo Marvel




Si hay algo que se le debe achacar al universo Marvel actual es, quitando casos puntuales, la intención de crear historias que pasen a la posteridad. El motivo: decisiones editoriales que acometen reinicios y nuevos puntos de partida cada nueve meses/un año y que no permiten desarrollar conceptos a priori interesantes, pero que quedan dilapidados por pasos atrás y nuevos comienzos que tienen la misma fecha de caducidad que los que les precedieron. 






Y así lleva el universo Marvel muchos años. Iniciativas, Edades Heróicas, Marvel Now, All New Marvel Now…. y así hasta el infinito. Y han habido muy buenos tebeos, muy buenos puntos de partida y muy buenos equipos creativos, pero al final todo ha quedado en agua de borrajas, con los tan repetidos coitus interruptus narrativos y editoriales, cuya única razón de ser ha sido entregar nuevos números uno, e intentar inundar el mercado para acabar con una competencia que hacía exactamente lo mismo. 






Pero el mercado ha hablado y a Marvel no le van tan bien las cosas como hace 10 años, al menos en su sector de las viñetas. Parece que al mirar atrás, en apariencia se han dado cuenta, que los tebeos que mejor han funcionado, han sido aquellos que no han recibido vaivenes editoriales cada nueve meses. Y el mejor ejemplo de esto ha sido el Thor de Jason Aaron, en una etapa que lleva ya más de cinco años y que quizá sea la mejor serie regular que ha tenido el universo Marvel en estos tiempos editoriales convulsos. 






Por lo tanto, quien mejor que Aaron -autor que sabe aunar riesgo, modernidad y respeto por los clásicos- para dar comienzo a un nuevo punto de partida que mire al futuro, pero con la intención de crear clásicos perdurables y no meros artefactos de mercadotecnia. Y así, Aaron plantea en las cinco primeras páginas de este nuevo punto de partida, uno de los conceptos más atrevidos, originales e interesantes de los últimos tiempos Marvelianos: Los Vengadores de la Prehistoria. Un equipo, del que no desvelaré sus integrantes, pero cuyas raíces provienen de la mitología más ancestral del universo Marvel y que abarca los distintos géneros que la Casa de las Ideas ha tocado a lo largo de más de seis décadas. 






Este especial denominado Alpha, no se queda solo en eso, sino que plantea, como todo especial de arranque de nueva etapa, pequeños fragmentos de aquello que les espera a los lectores en los próximos meses. Resurrecciones, búsquedas de los orígenes del universo editorial, preponderancia de personajes secundarios u olvidados que se sitúan en primera línea del frente y en conjunto, una sensación de trascendencia e importancia que da pie a buenas sensaciones para este Legacy. 






Por supuesto, esto solo es un especial y un punto de partida atractivo. El resultado final lo veremos en la caterva de equipos creativos y editoriales que se harán cargo de cada uno de los títulos de una Marvel que necesita entregar de nuevo, el tipo de historias que hacen vibrar y emocionar a sus fieles lectores para que cada mes vayan a la búsqueda de su nueva dosis a las librerías especializadas. Eso lo conseguirán no solo con grandes historias, sino con grandes editores que sepan desarrollar estas historias y no se quede en un evento estacional que explota en sus primeros ejemplares y acaba languideciendo en los últimos, sino en tebeos que creen afición y que el paso de los años los convierta en leyendas. Esa es la única manera de construir un legado.











9 de enero de 2018

Perfectos Desconocidos: Un De La Iglesia menor























Escasos ocho meses después del estreno de El Bar -uno de los trabajos más equilibrados de De La Iglesia en relación a sus pretensiones, ambiciones y resultados- llega Perfectos Desconocidos, un nuevo trabajo producido por la maquinaria mercadotécnica de Mediaset y que está convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del director, puede que el mayor desde La Comunidad.






Si en El Bar, Alex de la Iglesia diseccionaba la mezquindad humana en un entorno cotidiano y de extraños, que se transformaba en una absoluta pesadilla que daba lugar a la aparición de lo que todos esconden bajo una superficie civilizada, aquí el experimento se convierte en una humilde y pequeña pieza de cámara, donde el móvil, el fin de la privacidad y las mentiras, se plasma en un grupo de amigos de la infancia, que llevan una adultez repleta de hipocresía y falsa felicidad, cuyo epicentro se plasma en esos aparatos que han esclavizado a la mayor parte del mundo civilizado, caja de pandora de los secretos más vergonzosos de la intimidad humana.





De La Iglesia saca el mejor partido de algunas de las caras más conocidas del star system español, como Ernesto Alterio, Belén Rueda, Pepón Nieto o Eduardo Noriega, a través de la exageración de los rasgos que el público mayoritario conoce de ellos y con los que han construido dichos intérpretes su carrera artística, creando una sensación de falsa seguridad al espectador medio, reforzado por una puesta en escena que evita los geniales excesos del director y que como resultado es capaz de alcanzar a una mayor parte de los espectadores posibles, espantados en muchos casos, con trabajos más rompedores como Balada Triste de Trompeta. El problema, que De la Iglesia, aunque en algunos momentos mantiene su conocida mala baba y su visión pesimista de la condición humana, no consigue en su acto final llevar al extremo su particular punto de partida, entregando una resolución que puede descolocar al público general y dejar insatisfecho a sus incondicionales, máxime cuando de nuevo introduce su obsesión del fin del mundo global, en paralelo a la descomposición de un entorno privado, que esta vez nunca llega a casar o integrarse en la trama principal.








Por lo que estos Perfectos Desconocidos se acaba convirtiendo en un correcto trabajo menor en la carrera del cineasta. Un juguete que no será recordado como una de las cumbres de su excelente carrera, pero cuyo rédito comercial le permitirá al cineasta seguir acometiendo sus proyectos más arriesgados y costosos y que lamentablemente, debido a su visión tan personal y desgarradora, en los últimos años no han conseguido llegar a una gran mayoría del público, como si lo consiguieron en su momento, títulos como El Día de la Bestia o La Comunidad.

8 de enero de 2018

Kirby King of Comics de Mark Evanier: El libro fundamental del maestro recibe una reedición en su 10º aniversario




Hablar de Jack Kirby es hablar de los orígenes del cómic de superhéroes americano. Su influencia se ha dejado sentir desde sus orígenes en el medio junto a Joe Simon y la creación del Capitán América, a su explosión creativa en los años 60 junto a Stan Lee, para posteriormente revolucionar en el largo plazo las posibilidades del medio con sus locas, irregulares pero fascinantes series que conformaron el seminal Cuarto Mundo para el universo DC.





De todo eso y mucho más habla Kirby King of Comics, un libro publicado en el año 2008 por el teórico, creador y ayudante de Kirby llamado Mark Evanier. Un libro imprescindible para los amantes del demiurgo del cómic de superhéroes, biografía y recorrido de la historia del cómic americano y además carta de amor a un autor y persona, cuya vida, moral y principios, más su lucha por el reconocimiento de su trabajo, sus creaciones y el medio, dieron alas a toda una generación de creadores que no existirían sino fuera por el talento descomunal y la humildad poco apreciada de un autor que demostró que la imaginación y el talento no tenía límites.








En esta nueva edición del libro, casi diez años después de su publicación original, Mark Evanier incluye un nuevo capítulo llamado Legado, donde remata con acierto una muy completa y emotiva historia del maestro y que si no fuera suficiente con la sentimental, certera y dinámica prosa de Evanier, viene rematada con un diseño esplendoroso que transmite la sensación de que el alma de Kirby transpira en cada página y que a su vez incluye para el estudioso y completista, una innumerable cantidad de bocetos, historias inéditas, descartes y anotaciones de un autor que se fue demasiado pronto, que será echado de menos eternamente, que nunca podrá ser superado o imitado y que dejó una huella indeleble tanto en lo profesional como en lo personal y que si es testigo desde arriba, es muy posible que se sintiera orgulloso de la marca indeleble que ha dejado en su familia, sus amigos, sus seguidores y sus sucesores.



El medio siempre estará huérfano de Jack Kirby y nunca, por mucho que se intente, será capaz de darle todo aquello que entregó al mismo, incluso a costa de su salud, pero estaría mucho más huérfano si nunca hubiera existido. Así que si amas a Kirby este es tu libro y si no lo eres, también, porque aprenderás a apreciar y entender, el porqué Kirby es y será siempre el Rey de los Cómics.

5 de enero de 2018

El Sacrificio de un Ciervo Sagrado de Yorgos Lanthimos: Kubrickiano descenso a los infiernos de la culpa





























Yorgos Lanthimos se ha convertido en la última década, desde el reconocimiento internacional con su fascinante Canino, en uno de los directores más interesantes del panorama actual. Hace dos años dio el salto a Hollywood con la distópica Langosta, donde el director griego no perdió ni un ápice de irreverencia y acidez en su traslado a Hollywood y estrellas del mismo, donde Colin Farrel encontraba a un autor que sabía sacar el máximo partido de una estrella que había pasado de ser una futurible star del Hollywood del siglo XXI a un actor que no estaba destacando ni comercial ni artísticamente.






Para su nuevo trabajo, recibido con opiniones muy equidistantes, Lanthimos se vuelve a reunir con Colin Farrell, acompañado de otra estrella que lleva un par de años recuperando el prestigio perdido, a base elegir proyectos más que interesantes, Nicole Kidman. Ambos actores protagonizan un trabajo que se mueve estilística y formalmente por los caminos de El Resplandor de Kubrick y donde el autor de Alps recrea una especie de maldición gitana, mezclada con el complejo de culpa y el karma, cuyo envoltorio quizá es más sugerente e inquietante que aquello que es entregado finalmente.






El problema que arrastra, pero que no estropea, la experiencia del visionado de El Sacrificio del Ciervo Sagrado es, que al contrario de los trabajos previos del director de Canino, esta vez, el descubrimiento del epicentro por el que gira la obra y que siempre ocurre en el cine de Lanthimos no muy tarde de su arranque, no da pie a un desarrollo donde el conjunto es incluso superior a su sugerente punto de partida, sino que esta vez se queda algo estancado, en un limbo que sigue dando muestras del mejor Lanthimos, como en todas las ocasiones que el punto de vista se aleja para transmitir la sensación al espectador de que los personajes de la obra son observados/juzgados por una entidad extra-terrenal, la atractiva e inquietante relación sexual, poco desarrollada lamentablemente, entre los personajes de Farrell y Kidman o ese acto final donde Farrell debe tomar la Gran decisión, en una escena tan escalofriante como cómica en su patetismo y que trae de vuelta los mejores momentos de Canino.








Pero aunque el trabajo de Lanthimos no sea el mejor de ellos desde el punto de vista global, aunque habría que plantearse que si sea quizá su obra formalmente más bella y atractiva, eso no quita conque nos encontramos con uno de los títulos más interesantes de 2017 y una nueva muestra de que Lanthimos es uno de esos directores que siempre que estrene algo, ya sea más redondo o más fallido, debemos prestar atención, al que quizá es uno de los autores que mejor saben reflejar esa distorsión tan lúcida, tan exagerada como cercana, de los miedos, obsesiones y vicios de nuestra sociedad contemporánea.

3 de enero de 2018

Imperio Secreto Mes 4: Un final vulgar y predecible



















En los años 70, cuando el cómic de superhéroes americano seguía preso de un código que no le permitía salirse de según que límites, aparecieron autores que se atrevieron, a través de la industria y de los códigos de un género que era dirigido a niños y adolescentes, a tratar temas de índole política y social. Uno de esos autores fue Steve Englehart, llegado a Marvel en la segunda ola de autores que dieron un soplo de aire fresco a una editorial que seguía bajo la sombra y el camino marcado por Lee y Kirby en los 70.

Englehart ideó dentro de su etapa al frente del Capitán América -el icono máximo del patriotismo americano hasta ese moment- la Saga del Imperio Secreto, donde en un alarde de valentía y atrevimiento, Englehart le hacia descubrir al Capitán América que el líder detrás de una organización que quería destruir la idea de América y Estados Unidos desde dentro, era ni más ni menos que el propio Presidente de los Estados Unidos. Y aunque se le viera en sombras y nunca se mencionara su nombre, todos los lectores supieron hacia quien lanzaba Englehart sus dardos, Richard Nixon. Para rematar el atrevimiento, dicho líder en sombras se suicidaba antes de que fuera descubierto, dando lugar a un vuelco en el alma y convicciones de un Capitán América que abandonó el escudo y se convirtió en reflejo de una gran parte de la sociedad americana que vio como el supuesto sueño americano se había pervertido, o peor aún, nunca había existido tras Watergates, Vietnams, asesinatos de Kennedy y represiones raciales y sociales.






Año 2016. La sombra de los fascismos ronda por las democracias occidentales. Marine Le Pen en Francia y Donald Trump en Estados Unidos dan rienda suelta a todos y cada uno de los miedos primarios de una sociedad cortocircuitada por una crisis económica, unos políticos ineficientes y corruptos y la amenaza latente del terrorismo islámico que nunca saben donde pueden volver a atacar y provocar la muerte y el horror. Al mismo tiempo, el guionista Nick Spencer se atreve a devolverle al título del Capitán América su componente político y social marcado por el mencionado Englehart en los años 70. Es una época diferente: los cómics de superhéroes americanos de las dos grandes ya no se rigen por la absurda censura autoimpuesta del Comics Code Authority. Pero hay otro tipo de censura, más sutil, pero igual de peligrosa. Los héroes Marvel triunfan en la pantalla grande y pertenecen a una corporación con más tentáculos que Hydra. ¿Podrá Nick Spencer llevar a cabo sus intenciones de tratar temas como el resurgir del totalitarismo, el terrorismo, el conflicto racial y de nuevo la pérdida del sueño americano en el título principal de uno de los iconos más reconocibles y exitosos del universo Marvel?.






En un principio si. Spencer consigue una primera etapa con Sam Wilson como Capitán América que en su arranque se atreve a hablar de esa White Trash americana que vive por y para el desprecio y el miedo al diferente. Se atreve a cuestionar los dudosos y amorales métodos de las agencias de espionaje e investigación para supuestamente parar la amenaza terrorista, donde el fin justifica los medios e introduce una nueva y amenazadora Hydra, que remite a los discursos del odio de LePen o Donald Trump. Y pocos meses de la inenarrable victoria de Trump convertido en Presidente de los Estados Unidos, mayor ejemplo de la caída a los abismos de un sueño americano que quizá nunca existió, Spencer se saca de la manga, con inteligencia y mucha habilidad, la sorprendente revelación de que Steve Rogers ha sido siempre un agente infiltrado de Hydra.






A lo largo de un año, Spencer entregó una de las más atrevidas historias del Capitán América jamás narradas, polarizando su recibimiento, entre los que consideraban que era una excelente obra y aquellos que consideraban que había profanado un icono de la pureza y la bondad del Tío Sam. Y aunque el nuevo panorama de distribución del cómic americano con sus entregas cada quince días, estropeó el apartado artístico de la obra, con su ir y venir de distintos dibujantes, algunos de ellos de muy poca calidad, el tebeo seguía siendo atractivo gracias al engarzado guión de Spencer.



Por supuesto, viendo el uso y abuso de los eventos concatenados con los que Marvel ha asfixiado su línea editorial y su universo en la última década, el final de esta historia no iba a acabar en la serie regular del personaje, sino en un macro-evento en diez partes y múltiples tie-ins, la mayoría de ellos de escasa o nula trascendencia. La decisión de Marvel de publicar los diez ejemplares, más un prólogo y un epílogo en escasos seis meses, da como resultado un desenlace muy por debajo de lo propuesto y que analizaremos a continuación.






La saga ha llegado a su recta final en un mes que se han publicado de forma casi simultánea los tres últimos ejemplares de la historia y donde se derrumba el inestable equilibrio que había ido profetizando el serial con ejemplares cuya calidad e interés iba decayendo a medida que el número de páginas aumentaban en los números de la serie principal y el baile de dibujantes, muchos de ellos entregando sus peores trabajos por las prisas y premura de acabarlo cuanto antes, se hacía cada vez más evidente. Pero lo peor no es el poco interés de la editorial por entregar un supuesto producto trascendente con una premura y un resultado tan amateur, que de nuevo sirve como otro pie más para otro reinicio del universo y ver si tocan la tecla correcta para los aficionados. No, el gran problema es como la ácida y cínica visión de Spencer en los prolegómenos de la historia se ha convertido en otra batalla entre buenos y malos de manual.






El primer motivo de todo ello es el no atreverse a llevar hasta las últimas consecuencias la revelación del Capi Hydra. Por supuesto, cualquier lector veterano sabía perfectamente que el Capi de siempre regresaría de algún modo u otro. Y que el concepto de que esta realidad era fruto de un Cubo Cósmico con conciencia estaba bastante bien hilado, máxime con lo que nos había ido contando Spencer en los albores de la etapa. Lo que no es de recibo es que el Rogers Hydra sea finalmente un mero Doppelganger del verdadero Steve, atrapado en un limbo del que no puede escapar y ajeno y nada responsable de las atrocidades de su doble.








Pero peor aún, son las consecuencias del resto de héroes Marvel que llevan equivocándose una y otra vez, demostrando que su bondad quedaba en entredicho y sus toques totalitarios estaban presentes en muchas ocasiones, ya fuera el intento de asesinato de Wanda Maximoff en La Casa de M, la obcecación ideológica de Stark y Rogers, en Civil War o la falta de humanidad y moralidad del grupo secreto de Illuminatis por el supuesto bien común. Estos tres ejemplos, reflejo absoluto de las acciones cometidas por nuestros supuestos líderes democráticos en los últimos 20 años y que ahora intentan aparentar ser hermanitas de la caridad, comparados por supuesto con bestias pardas como LePen o Trump. Ni en la realidad, ni en este universo de ficción que quiere volver a los extremos de la bondad y la maldad sin medias tintas, los problemas se solucionan haciendo la vista gorda y aparentando ser mejor por estar comparado con alguien mucho peor. El final de la saga perdona los gravísimos errores de unos héroes que ya no lo son tanto, únicamente como medio para devolver la ilusión y el optimismo a un universo que no se ha estropeado por haberse convertido en espejo de la triste realidad del mundo en el que vivimos, sino por la sobreexplotación de un mismo tema, variando el tema levemente, pero manteniendo la misma melodía. Y volviendo al arranque de este texto. El Imperio Secreto original terminaba con una nota oscura y demoledora, llevando al personaje y su universo, de la luz a las tinieblas. El nuevo Imperio Secreto acaba con un en apariencia retorno a la luz, con todos los héroes juntos como hermanos, pero evitando hablar o exculpando los graves errores del pecado. Y si no aprendemos de los errores, volverá a ocurrir lo mismo. Y eso se puede aplicar tanto a los personajes en la ficción, como a las decisiones de una editorial que actualmente camina sin rumbo. El tiempo lo dirá, pero lo que si que se puede decir a día de hoy, es que este nuevo Imperio Secreto ha sido una gran oportunidad perdida para cerrar el camino de la oscuridad del universo Marvel con valentía e inteligencia.
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